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Un nuevo estudio internacional dirigido por investigadores del Instituto Nacional de las Ciencias de Salud Ambiental (NIEHS) de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH), dividió a mujeres embarazadas en tres grupos en función de su hábito tabáquico: “fumadoras constantes” (13%), “no fumadoras” (62%) y “fumadoras ocasionales” (25%).

El análisis del ADN de la sangre del cordón umbilical de los neonatos reveló el elevado nivel de alteraciones consecuentes con la exposición al tabaco durante el desarrollo fetal. Concretamente, los niños cuyas madres habían sido incluidas en el grupo de “fumadoras constantes” presentaban hasta 6.073 localizaciones en las que el ADN había sido modificado y que no se observaron en los hijos de las “no fumadoras”.